Atletismo en Olot: hay árboles (prescindiendo de la limpieza y desbroce)

B 006 olot hay arbolesCuando uno cree conocer los resortes de la profesión, es bueno que alguien se plantee repensar los proyectos, la propia naruraleza de un proyecto de arquitectura. Abandonar los procedimientos estándar es un camino que no es cómodo, pero aporta satisfacciones extraordinarias. En Olot trabaja un estudio de arquitectos que sabe mucho de abrir nuevas vías. Para empezar, el estudio se llama RCR, que son las iniciales de Rafael, Carmen y Ramón. Así de sencillo.

B 006 circulo 01Una obra de arquitectura suele plantearse en los siguientes términos:

Solar ———–> Tábula rasa —————> Artificio

En la convención en la que nos vemos envueltos los arquitectos, sometidos a procedimientos administrativos y burocráticos asfixiantes, parece que asumimos con naturalidad, sin pensar, que una de las primeras fases de una obra, tras la demolición de lo existente (si procede) es la de “limpieza y desbroce del tereno”. Paremos ahí un momento. La tábula rasa. Parece que si no aniquilamos todo lo existente no sabemos enfrentarnos a un proyecto nuevo. Las excavadoras con su poder arrasador preceden a algo supuestamente “mejor” o al menos “necesario”. Dice Koolhaas que donde no existe arquitectura TODO es posible, y que donde existe arquitectura ya NADA puede hacerse.
Las intervenciones paisajísticas utilizan otra lógica, más en la línea:

Naturaleza —> Intervención sensible —> Paisaje amablemente excitado

Parece que lejos del encasillado entorno arquitectónico de reglas heredadas y procedimientos asumidos con sumisión, los que proyectan actuaciones en el paisaje se mueven con otros parámetros.
Asumiendo que toda intervención del hombre es una alteración del paisaje natural, el estudio RCR se planteó una aproximación más respetuosa de lo habitual cuando acometieron el proyecto de la pista de atletismo de Tussols-Basil, en Olot. Para empezar, prescindieron de la “limpieza y desbroce”. Bien. La designación de “estadio” no encaja bien en este caso porque nada tiene que ver lo realizado con un “edificio”.

B 006 circulo 02Al parecer hubo tensiones entre atletas, que querían una pista convencional, despejada, sin árbol alguno, y los ecologistas, que querían que no se tocara ningún árbol. La labor de encaje de bolillos del estudio negociando con ambas partes debió ser de esas que dan dolor de cabeza.

Lo cierto es que la impresión que da la obra es que se ha instalado con mimo una pista de atletismo en medio de un bosque, con una alteración mínima del entorno natural existente. De hecho, incluso cuando se está cerca, es difícil adivinar su presencia entre la masa arbolada. Porque hay árboles. Sobre todo, árboles. No hay un graderío potente, antipático. Hay árboles.

B 006 circulo 03Hay bancos corridos sueltos junto a la pista que son más bien endurecimientos callosos de las curvas de nivel del propio terreno. Y más árboles. Hay un kiosco mínimo y discreto. Y árboles. Y torres de iluminación. Potentes, descaradas, y perfectamente encajadas en el entorno. Y árboles, delante, detrás, todo alrededor. Pero no porque hayan plantado muchos, sino porque ya estaban allí antes de que llegaran los arquitectos.
Menos mal que a nadie se le ocurrió hacer allí, en ese entorno privilegiado de Olot, nada parecido a una “limpieza y desbroce” del terreno. Suspiramos aliviados.
Ahora allí hay aire, brisa, sol, pájaros, en ocasiones atletas… y sobre todo ¡hay árboles!

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Ferrater en Benidorm: la transición amable

B 005 benidorm_dos aciertos enormesLa arquitectura se encuentra a veces ante la necesidad de resolver situaciones límite, en términos estrictamente físicos. El contacto de una ciudad con la playa es una de las más difíciles, y casi siempre el resultado es discreto, si no torpe o mediocre.
Benidorm ha tenido el acierto de poner uno de sus paseos marítimos, el de la playa de Poniente, en manos del estudio de Carlos Ferrater, OAB. Con la frescura de un niño que tiene una caja de lápices de colores nuevos y el olvido voluntario de todo lo que uno puede tener en la cabeza cuando piensa en edificios frente a una playa, Ferrater tiene el coraje de proponer una geometría curva. Crea una topografía de superficies alabeadas que media entre la cota de la horizontal del paseo de tráfico rodado delimitado por las conocidas torres de apartamentos de la ciudad de vacaciones, y la otra cota móvil, inestable, de geometría indefinida y cambiante que determina el mar en su contacto con la costa.B 005 circulo 01

Cuando se trata de poner en contacto 2 cotas de un espacio público separadas 4 metros, parece que el repertorio de soluciones es escaso: taludes, rampas o escaleras (o, si me apuran, artificios mecánicos tipo ascensor).
Pues bien, la colección de escaleras y rampas que ponen en contacto la cota del asfalto y el paseo peatonal de arriba con la arena de abajo es un maravilloso catálogo de soluciones de ese toro tan difícil de lidiar que es la TRANSICIÓN entre ciudad y mar.

No se trata de fundir ambas cotas con un talud forzado y extraño. No. Se asume la condición doble del paseo: paseo alto que recoge tráficos de vehículos y peatones, segregándolos, y paseo bajo exclusivamente de peatones a los que se ofrece el contacto con la arena con la proximidad amable de unas láminas de madera convenientemente arropadas por las ondulaciones del propio paseo superior.

B 005 circulo 02

Y a cada paseo se le da una cualidad material distinta. El paseo alto es duro, se reviste de pavimento cerámico de colores salpicado de islas vegetales que no pueden evitar su condicion de parterrres al viejo estilo de parque urbano. El paseo bajo permite hacer la tarea de calzarse-descalzarse sobre una tarima de madera que por su cualidad táctil y desnudez material es más que adecuado para conducir a las personas hasta la arena de la playa.

B 005 circulo 03Aquí viene otro acierto enorme del proyecto: la contención en la paleta de materiales utilizados. Se puede decir que hay un sólo material estructural, el hormigón armado blanco, con la textura vista de las tablillas de encofrado de madera, y dos materiales con los que tejer las alfombras urbanas: la cerámica de colores y la madera.

Por lo demás, detalles exquisitos y deliberadamente discretos en la barandilla del paseo y escaleras, como para no hacer demasiado ruido en el contacto visual con el horizonte, y las mencionadas pinceladas vegetales que aligeran la dureza del paseo superior ofrecido a los peatones.
Nada más. ¡Y nada menos!

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Esos detalles prácticos nada despreciables.

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He observado que tanto las personas a las que no les gusta en absoluto la arquitectura  como aquellas apasionadas por la misma prestan la misma atención a determinados detalles, pero con distinta asimilación de significados.
Las primeras detectan una carencia, un defecto, un error, y lo dicen. Se quejan de ello. Abiertamente. El arquitecto es un incompetente, no tiene ni idea de esto o aquello, sólo le interesa su ego, etc.
Las apasionadas, la mayoría arquitectos, aunque no sólo éstos, también observan los mismos defectos, pero siempre tienden a minimizarlos o justificarlos. Se hace ver que el conjunto de la obra está por encima de los detalles menores, que las obras son complicadas y la ejecución es un pulso constante con la constructora, que los detalles especificados en el proyecto no se han interpretado correctamente en la obra, etc.
El caso es que hay detalles que demuestran que en un proyecto hay cuestiones del funcionamiento diario de un edificio que se obvian, bien por desconocimiento, inexperiencia o desinterés del arquitecto. Citaré sólo algún ejemplo:
– filtraciones de agua por doquier. La impermeabilización de un edificio es complicada, y sigue siendo una asignatura pendiente de los arquitectos. Conozco una casa que ha sido publicada hasta la saciedad en revistas y libros de arquitectura cuya dueña llama indignada al arquitecto cada vez que llueve porque la impermeabilización de la casa es un desastre.
– falta de aislamiento acústico en locales concurridos
– pasillos infinitos sin luz natural en una ciudad con sol mediterráneo.

Y otros menos importantes pero nada despreciables:
– amplias vidrieras inaccesibles para su limpieza.
– lámparas situadas a alturas inalcanzables que impiden la sustitución de una bombilla fundida.
– necesidad de reponer el revestimiento de una fachada a los dos años de inaugurado el edificio.

Todos podemos añadir un montón de elementos más a la lista.
Muchas veces estos edificios de funcionamiento deficiente tienen unos bonitos planos, y seguramente alguna buena foto publicada en algún sitio privilegiado del universo impreso o virtual. Da que pensar.

Antes de hacer alardes estructurales o malavares epidérmicos con las fachadas, ¿No deberíamos tener los arquitectos un poco más de oficio, en el viejo sentido de la palabra?

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Objetos-No Objetos, esa no es la cuestión

B 003 objetos-no objetos

Sobre la condición escultórica de la arquitectura o la necesidad de singularizarse.
La arquitectura tiene muchas definiciones. No aportaré ninguna más. Pero todos sabemos que ésta consta de volúmenes. Es su cualidad material la que obliga al arquitecto a tener que definir y concretar cual será el material con el que se construya dicho volumen y qué medida, proporción y escala tendrá.
Esto no es muy diferente a lo que se plantea un escultor ante una obra, pero ha habido alguna década que presumía de prodigiosa, en la arquitectura española al menos, en la que los arquietctos rehuían de la condición escultórica de la arquitectura como si asumir ésta supusiera una frivolidad, una superficialidad. Daba pánico que se criticara una obra diciendo de ella que era una bonita (o fea) escultura. En demasiadas ocasiones hemos visto cómo se incorporaban al paisaje de nuestras ciudades alguna de esas esculturas, y hemos lamentado el impacto que producían.

 B 003 circulo 02 nijar              B 003 circulo 01 porto 2

En la misma época también se hablaba mucho de la arquitectura fundida con el lugar, buscando una raiz en el lugar donde se asentaba y abogando por una alteracion amable del paisaje más que por una imposición violenta de volúmenes artificiales. Se quería evitar el efecto “platillo volante” recien llegado de otro mundo.
Asumiendo que la arquitectura es siempre una artificialidad en cuanto que acción sobre el terreno con aporte de materiales extraños, el problema de muchos arquitectos ha sido que mientras se enfrentaban a un proyecto querían hacer una “obra de arte” y a la vez pretedían ser amables y discretos en su entorno.
Resultado: o producían OBJETOS, edificios-icono con una fuerte presencia escultórica en su entorno sacando pecho y pavoneándose frente a todo lo que le rodeaba (y entonces asumían su yo-escultor, hacedor de formas), o conseguían NO-OBJETOS, con esa discreción de formas y materiales que les permitía ser amables con su entorno (y en este caso no podían ofrecer una “obra de arte” tan reconocible visual y mediáticamente como quisieran).

 B 003 circulo 04 torrepacheco            B 003 circulo 03 biarritz

Porque por desgracia seguimos situando el discurso en torno a la figura del arquitecto, y no de las personas para las que trabaja, los usuarios finales de sus obras.
Creo que falla el concepto “singularizarse”. Si se trata de que el arquitecto pase a la posteridad, podemos esperar objetos excesivos en su vehemencia visual. Si se trata de aportar algo a una comunidad de ciudadanos o una familia en particular atendiendo a la especificidad de cada demanda, tenemos la esperanza de encontrar arquitectura sensible y amable, siempre que el arquitecto se desprenda de su ego enorme de artista.
No defiendo una opción frente a la otra. Me parece que pueden coexistir. Un objeto arquitectónico no tiene por qué ser necesariamente reprochable ni un no-objeto es garantía de éxito. He encontrado artefactos arquitectonicos maravillosos, y muy utiles, con una presencia icónica muy fuerte, y también he visto edificios bien integrados en su entorno que no servían apenas para la función requerida.
La demanda que se debe hacer a quien quiera hacer algo singular (objeto o no-objeto) creo que debe ser: piense en quién lo va a utilizar, y hágalo usted útil, hágalo bonito y constrúyalo para que dure. Ya lo decía Vitruvio. Y, si no es mucho pedir, sea modesto.

Nota: los proyectos referidos en este post son, por orden de aparición en el texto:
1. Espacio Escénico – Níjar – MGM Morales Giles Mariscal
2. Casa da Música – Porto – Rem Koolhaas OMA
3. Biblioteca – Torre-Pacheco – Martín Lejarraga
4. Cité de l´Océan et du Surf – Biarritz – Steven Holl
 
 
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La gente, ¿molesta a los arquitectos? ¿molesta a los fotógrafos de arquitectura?

B 002 gente molestaLo confieso. He estado años evitando que las personas aparecieran en mis fotos de arquitectura. Pretendidamente pulcras, esas fotos solo recogían líneas, perspectivas, detalles, reflejos, etc. Pero la gente molestaba, “manchaba” las fotos (foto 1).
Lo más que llegaba a hacer era incluir alguna silueta aquí o allá para dar escala al edificio fotografiado (foto 2).
Un paso más allá consiste en poner en el mismo plano de igualdad a las personas con el objeto retratado y tomar ambos elementos como parte de una composición global (foto 3). Bien, vamos avanzando. Las personas ya no son sólo figurantes anónimos y discretos. Queda camino por andar. A lo mejor algún día me daré cuenta de que las personas SON lo verdaderamente importante de todo esto que llamamos arquitectura.

B 002 gente molesta 01B 002 gente molesta 02B 002 gente molesta 03  En Alemania, curiosamente Alemania, esa tierra de ingenieros e industriales calculadores, según los tópicos, se convocó hace unos años un concurso de fotografía de arquitectura cuya tema era expresamente “Gente disfrutando de la arquitectura”. ¡Vaya lección!
Me da la impresión de que tanto arquitectos como fotografos pecamos de lo mismo: olvidamos que lo que se proyecta como arquitecto o lo que se fotografía va dirigido a personas, que además son como cualquiera de nosotros, o muy diferentes, qué más da, con sensibilidades muy distintas cada uno. Y nos movemos en un círculo pretenciosamente “artístico” sin darnos cuenta de que cuanto más nos adentramos en nuestros mundos de musas artísticas, más lejos estamos de poder llegar a conectar con las necesidades (no diré gustos) de quien promueve, paga, usa y sufre nuestros trabajos.
Todavía tenemos la arrogancia de pensar, si no decir abiertamente en círculos cerrados, aquello de que “no está hecha la miel para lo boca del asno”. Y nos quedamos tan tranquilos. En “nuestro” mundo.
Mea culpa.

Nota: las imágenes de este post corresponden, por orden de aparición, a los siguientes proyectos:
1. Museo de la Universidad de Alicante. San Vicente del Raspeig. Alfredo Payá, arquitecto.
2. Casa da Música. Oporto. OMA, Rem Koolhaas, arquitecto.
3. Centro Deportivo Viding Center “La Rosaleda”. Sevilla. Valdés, Miró, Hernández, arquitectos.
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Ventajas de viajar sin prejuicios

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Buscar obras de arquitectura de arquitectos “mediáticos” es un ejercicio de frivolidad, supone unirse al fenómeno fan de las quinceañeras que siguen con fervor a sus ídolos musicales o a sus actores favoritos. Así de superficial y de visceral. Pero es también una buena excusa para coger un coche, autobús, bici o tren y viajar. Y separarse del ordenador unas horas, o mejor, ¡unos días!

Desde que hace años me quité una buena cantidad de prejuicios, ando más feliz por la vida. Eso supone no tener una lista negra de arquitectos proscritos. Por supuesto, uno tiene sus favoritos, pero siempre merece la pena acercarse a ver lo que creemos que no nos va a gustar.
Muchos edificios de tremenda repercusión mediática me han decepcionado al visitarlos, y otros menos conocidos o que no me habían llamado la atención a priori han resultado ser una maravilla. Cuando te ocurre eso una vez, la decepción o la grata sorpresa inesperadas, ya estás alerta, y no te crees nada que hayas leído u oído. Ya sólo te fías de tí, de tus ojos, de tus pasos, de tus sensaciones. Esas no las debe contaminar nada ni nadie.

Además, el camino está lleno de regalos. Si se viaja con una serie de destinos en mente, pero sin un plan demasiado rígido, aparecerán sorpresas deliciosas. Citaré cuatro ejemplos:

B 001 01 olot1. Olot, Tarragona. Buscando obras de RCR me pierdo por un hayedo impresionante, entre caminos de tierra, y voy a parar a un par de ermitas romanicas mientras sorteo gansos y ovejas que se cruzan frente al coche.
B 001 02 arantzazu2. Santuario de Arantzazu, Guipúzcoa. Visito el templo de Oíza, y camino del centro cultural que se encuentra a su lado y que desconocía, doy con una pequeña construcción, de apenas 20 m2, un espacio de meditación. Lo que encontré allí lo contaré con detalle más adelante, porque merece la pena.

3. Cementerio de IgualadaB 001 03 igualada, Barcelona. Peregrinación devota a la obra de Miralles, donde está enterrado. Tras unas horas a solas entre las piedras y los muros, encuentro perdidos en el bosque los encofrados metálicos utilizados en la obra hace casi 20 años.
4. Jardines de Pedralbes, Barcelona. Buscando una obra de Llinás y otra de Gaudí me encuentro dos joyas: Kolonihaven, la casita de juegos de madera que Miralles y Benedetta B 001 04 pergola gaudiTagliabue hicieran para un museo danés en 1996, cuya réplica se situó en el Macba en 2001. Le había perdido la pista en un escrito que la situaba en el parque Diagonal Mar en 2005. Ahora, 2010, me encontraba aquella (¿o es otra versión?) en un rincón inesperado. ¡Qué fiesta!Y a los 5 minutos, paseando por los mismos jardines, todavía aturdido por la suerte del descubrimiento anterior, voy a parar a una fuente y una pérgola de Gaudí cuya existencia desconocía por completo. Increíble.

Viajen! Viajen! Y si puede ser sin prejuicios, mucho mejor.

 

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¿Por qué criticar a ras de suelo?

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Soy Arquitecto. Fotografío arquitectura: fernandocarrasco.net

Empiezo este blog con la intencion de escribir de Arquitectura, de Fotografía y lo que surja, con 2 únicas premisas:

1. Sólo criticar edificios visitados.
¿Por qué? Porque las fotos mienten. Lo sé porque las hago. Las fotos que se publicaban en papel eran pulcras. La limitación de espacio que imponían las hojas de una revista o un libro obligaban a seleccionar un puñado de fotos representativas del edificio; la cara bonita, la vista espectacular, lo “publicable”. La llegada de la fotografía digital y la generalización de internet ha permitido aumentar el número de fotos a la hora de publicar un edificio, pero sigue primando la selección de fotos manipuladas. Manipuladas desde el encuadre intencionado, enseñando y ocultando lo que interesa, y desde la altura de la camara, muchas veces lejos del plano natural de la altura de los ojos de un observador para destacar esta o aquella perspectiva que provoca efectos impactantes. Al visitar los edificios se descubren muchas verdades. Se ven esas otras caras que no nos quieren enseñar sus autores. Se ve, se siente, se huele, se toca. Por supuesto, la experiencia espacial de una visita no se puede sustituir con un puñado de fotos. Ni remotamente.

2. Criticar a ras de suelo. Lejos de erudiciones.
En la Escuela de Arquitectura el mejor consejo que me dio un profesor fue el de leer sólo lo que los propios arquitectos escriben sobre sus obras. Lo que escriben los demás está lleno de reflexiones eruditas y frases pomposas. Seguí el consejo durante años, y me ahorré muchas horas de lectura estéril. Pero también me he dado cuenta de que entre las palabras de los arquitectos y sus obras hay mucho trecho…
Una de las experiencias más interesantes al visitar edificios ha sido tomar contacto con sus usuarios, y con las personas encargadas de su mantenimiento, limpieza o seguridad. Una fuente extraordinaria de información de primera mano, un bocado de realidad, una bofetada en la cara de los arquitectos que nos lleva a mirar la vida a ras de suelo.

Asumo que con la crítica contribuiré a engordar el ego de los artistas o a adelgazarlo. No es mi intención. Ni una cosa ni la otra.

Nota: a menos que se indique lo contrario, todas las fotos de este blog son propiedad de Fernando Carrasco.
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